El cardenal George Pell apela la sentencia que lo condenó a prisión

  • Los próximos 5 y 6 de junio se celebrará el proceso de apelación contra la sentencia que condenó al cardenal George Pell a 6 años de cárcel. Se le responsabiliza de presuntos abusos sexuales con dos menores de edad (13 años), datados en 1996 en la ciudad de Melbourne. La apelación será conducida por tres magistrados.

  • Ofrecemos un sintético repaso de los hitos más importantes de este caso, tanto desde el punto de vista del proceso penal como del mediático.


Letizia Sánchez de León || Roma

La condena al cardenal George Pell ha sido recibida por muchos en Australia como una prueba de que nadie, por importante que sea, está por encima de la ley mientras que otros siguen dudando que haya sido juzgado de modo imparcial. Incluso hay quienes opinan que se ha tratado de una auténtica caza de brujas.


Las claves del proceso penal

Las denuncias contra Pell comenzaron en torno al 2016. Excepto dos, fueron todas desestimadas por los jueces al entender que  carecían de fundamento. Las dos que se admitieron propiciaron sendos procesos penales que han finalizado en diciembre de 2018 y el pasado mes de marzo. Los procesos se tramitaron por separado a petición de la defensa. El juez declaró la prohibición de publicar información sobre el primer juicio para evitar que influyera en el segundo.

El primer proceso, referente a supuestos abusos cometidos en los años 90 en Melbourne, comenzó en marzo de 2018. Fue anulado por un jurado que consideró inocente al cardenal Pell por 10 votos contra 2. En diciembre de 2018 partió un nuevo juicio, denominado en los medios como el “Cathedral Trial”. Este concluyó el día 11 de diciembre con una sentencia  unánime de condena por abusos a dos menores.



Siguiendo los hechos alegados durante el juicio, los menores, de unos 13 años, eran miembros del coro de la catedral de Melbourne. Según uno de ellos –el querellante y único testimonio en el proceso, pues el otro ha fallecido- al finalizar la celebración dominical se escaparon a la sacristía para beber a escondidas el vino que allí se guarda para la Eucaristía. Según este relato, fueron sorprendidos por el cardenal, que les riñó, cometió exhibicionismo ante los dos y obligó al querellante a realizarle una felación, aún con las vestiduras litúrgicas puestas. Un mes más tarde, en la procesión de salida tras la misa, Pell habría visto al chico, lo habría arrinconado contra la pared y le habría sometido a tocamientos sexuales.

La otra supuesta víctima, fallecido en 2014, había dicho que no fue objeto de abusos.

La segunda acusación contra Pell dio lugar a un segundo proceso. Se archivó por falta de pruebas el pasado mes de marzo. Esa denuncia se refiere al periodo en que Pell era sacerdote en Ballarat, en los años 70.

En pocos días George Pell revivirá la pesadilla mediática por el proceso de apelación contra la única sentencia que lo condena, dictada por un jurado popular. La apelación será conducida por tres magistrados.


Incoherencias en el relato de la víctima

Muchos medios se hacen eco de las contradicciones en el testimonio del querellante. Se preguntan por qué un relato a veces incoherente puede constituir la prueba determinante  para dictar la condena.

Frank Brennan, sacerdote jesuita y abogado especialista en derechos humanos, después de asistir al segundo juicio señala, que el testimonio del querellante –por ley- tuvo lugar a puerta cerrada y, por tanto, sólo se tuvo conocimiento en el juicio a través de citas o referencias realizadas por el fiscal y la defensa a lo largo del proceso. No ha trascendido el relato completo de su declaración.

La carencia de un testimonio desconocido por el público deja en el aire preguntas muy importantes para dilucidar qué aconteció en esa sacristía. Sin tener el testimonio completo de la víctima, se advierten incoherencias. Por ejemplo, cómo se explican los hechos de naturaleza sexual supuestamente acaecidos en un periodo de tiempo tan breve, cómo pudo haber una felación si Pell estaba aún revestido de ornamentos litúrgicos, etc. Cuando se le preguntó sobre este punto, el querellante dijo primero que el cardenal se había abierto el alba, pero el alba carece de abertura; luego dijo que se la había desplazado hacia un lado, pero la acusación no logró mostrar a los presentes cómo podía hacerse eso.



También fueron cuestionadas por la defensa las circunstancias de los hechos denunciados: la violación, según el querellante, sucedió en un lugar -la sacristía de la Catedral, un lugar de paso después de una celebración- y en una situación y momento -justo después de la misa dominical solemne, donde el cardenal solía ir acompañado de otras personas, con las puertas abiertas y aún con los vestidos litúrgicos puestos- en los que el cardenal podía haber sido fácilmente sorprendido. Siendo además una persona muy conocida, es poco probable que no se viera rodeada de gente después de una celebración pública en ese lugar.

Por otra parte, Pell, como cualquier otro obispo, llegaría a la sacristía acompañado y ahí se quitaría los ornamentos con ayuda de un asistente. Parece improbable que aquel día llegara solo y pudiera cometer esos actos sin ser descubierto. En cuanto al segundo abuso que dice haber sufrido el menor, es improbable que si Pell se apartó de la procesión ningún otro participante lo hubiera advertido y recordado.

No hay testigos que corroboraren el relato de los abusos. En cambio, declaraciones de varias personas en el juicio o en la instrucción del caso pusieron en duda la versión del acusador. El entonces director del coro de la catedral, por ejemplo, declaró que no recordaba que dos niños se hubieran ausentado nunca de los ensayos. Otras personas presentes en las ceremonias de la catedral alegaron que el cardenal no pudo quedarse solo y cometer, sin ser visto, los hechos descritos, pues siempre iba acompañado a la sacristía y esta era un lugar que se llenaba de gente después de las celebraciones. También se señaló en el juicio que, en la época en que el cardenal cometió los supuestos abusos, la catedral de Melbourne estaba en obras y que pudo celebrar misa allí sólo en dos ocasiones.  



Análisis del proceso mediático

En un artículo publicado en la la revista Il Regno se hace un breve análisis de lo que ha supuesto la presión mediática, que ha acompañado el caso desde sus orígenes cuando no había comenzado el proceso penal. Según este artículo, los medios han tenido, no sólo un papel importante en todo el proceso, sino que incluso han hecho inclinar radicalmente la balanza del lado de las acusaciones, pasando por encima de la “verdad procesal”.

La presión mediática contra Pell se ha sentido principalmente en Australia. Allí la cadena nacional ABC News, los periódicos del grupo de prensa Fairfax, el Sydney Morning y The Age -junto con un gran eco en las las redes sociales-  han publicado decenas de artículos incriminando al cardenal.  Según algunas voces, le conviertieron en el personaje más odiado de Australia. Los ecos de la campaña mediática contra Pell llegan a Europa y a América. Dos continentes donde algunos medios sostienen que el proceso contra Pell tiene por objetivo saldar antiguas y actuales deudas en cuestión de abusos de menores por parte de clérigos en Australia de una vez por todas, donde Pell sería el chivo expiatorio.

La sentencia de condena al cardenal Pell llegó después de la cumbre celebrada en el Vaticano para luchar contra los abusos dentro de la Iglesia Católica, lo que ha sido interpretado por algunos como una mala coincidencia. Otros piensan que todo el proceso contra Pell es un claro ataque a la Iglesia Católica y al Papa, por el prestigio y la relevancia pública que ha tenido Pell tanto en Australia como durante los años que trabajó en el Vaticano.


Descargue la sentencia de condena al cardenal George Pell


En esta línea, Greg Craven, abogado australiano y profesor de la Universidad Católica de Australia, señala en relación con el caso, que el juicio contra Pell es un claro ejemplo de cómo el sistema judicial australiano puede ser -y lo ha sido, de facto- “asaltado” de modo consciente para evitar que se juzque imparcialmente a George Pell. En su artículo, Craven indica que la justicia no sólo depende de los jueces, fiscales, abogados y jurados, responsables de llegar a un veredicto justo, sino que existe un segundo círculo, refiriéndose a la prensa y a la Policía, que debe asegurar que se dan las condiciones necesarias para alcanzarlo. Según Craven, en el momento en que empezó el juicio y se prohibió publicar información del proceso, el mal ya estaba hecho. ABC y los periodistas del grupo Fairfax llevaban meses condicionando el parecer de la opinión pública australiana.  

La gran duda que ocupa por tanto muchos de los artículos publicados recientemente sobre el asunto es si de verdad Pell fue juzgado de modo imparcial o fue, por el contrario, víctima de un proceso medíatico tan fuerte que forzó al jurado a dar por creíble el único testimonio que se presentó en el juicio –la declaración de la propia víctima- a pesar de las contradicciones del relato.



Peter Kidd, el juez que dictó la sentencia de condena, en sus consideraciones preliminares (nº 7) afirma con rotundidad que dicta sentencia de acuerdo a la ley y al estado de derecho, sin caer en favoritismos y sin ser influenciado por la presión mediática o por el prestigio del cardenal.  

Además, aclara (nº 8, 9 y 10 de las consideraciones preliminares) que el cardenal será castigado únicamente por la falta por la que ha sido condenado -el abuso de la década de los 90- señalando que no debe ser el chivo expiatorio de cualquier falta o error de la Iglesia Católica.

Algo más adelante en la sentencia, en el resumen de las acusaciones contra Pell, Kidd (nº 17) dice que está obligado por ley a acatar el veredicto del jurado sin cuestionarlo.


La Operación Tethering

El  hecho de que la policía del Estado de Victoria estaba investigando unas denuncias por presuntos abusos de menores presentadas contra el cardenal se conoció por primera vez, gracias a una filtración, en 2016. Sin embargo, a posteriori, se supo que la policía ya había empezado a investigar al cardenal en el año 2013 por supuesta “conducta inapropiada” sin que hubiera mediado denuncia alguna.

Paul Sheridan, Detective Superintendente de la Policía del Estado de Victoria y presente en el juicio, en un artículo de Reuters del 28 de marzo de 2018, reconoció que las investigaciones policiales conocidas como Operación Tethering se habían centrado desde sus inicios y exclusivamente en la figura del cardenal Pell sin que hubiera mediado ninguna acusación formal contra el mismo. “Fue una operación para encontrar un crimen y un denunciante” dijo Sheridan cuando se le preguntó durante la fase de instrucción del proceso penal.

Sheridan reconoció además que cuando supuestas víctimas de Pell acusaron de abusos a otros altos cargos de la Iglesia australiana, no se abrió ninguna investigación contra estas personas.


 

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