Federico Lombardi: “Navarro-Valls, un servicio a la Iglesia de un valor incalculable”

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Joaquín Navarro-Valls era, según Federico Lombardi, “un laico profesionalmente competente, apreciado por los colegas periodistas. Como numerario del Opus Dei,  una persona sobre cuya dedicación y amor fiel a la Iglesia y al Papa se podía verdaderamente contar, por la disponibilidad efectiva ya sea de tiempo que de corazón”. El Padre Lombardi, que tomó las riendas de la sala de prensa del Vaticano de las manos de Navarro-Valls en el año 2006, y cuya misión desarrolló hasta el nombramiento del americano Greg Burke y de la española Paloma García Ovejero, destacó en los micrófonos de la Radio Vaticana que el trabajo de comunicación de su predecesor fue “un servicio a la Iglesia de un valor incalculable”.

“Personalmente he estado siempre agradecido al Dr. Navarro por la cortesía y la atención en el curso de los quince años en los que hemos colaborado – diría siempre bien, serenamente y amigablemente – con funciones diversas en el campo de las comunicaciones vaticanas. Lo he considerado siempre un maestro en el modo de desarrollar su servicio y nunca me hubiera imaginado que habría sido llamado para sucederlo”, aseguró Federico Lombardi. “Era evidente que, bajo muchos puntos de vista, era para mí completamente inimitable: no podía imitarlo y no debía ni siquiera probar. En el contexto de un pontificado diverso, traté entonces de interpretar y desarrollar la tarea que me asignaron como mejor sabía, pero conservando, por lo que me era posible, su valiosa herencia. Navarro permaneció siempre un amigo para mí, un ejemplo de vida espiritual discreta, verdadera y profunda, plenamente integrada con su trabajo, un modelo de dedicación al servicio del Papa y de la Iglesia, un maestro de la comunicación”, explicó.



El exdirector de la sala de prensa vaticana recordaba también su primer encuentro con Navarro-Valls: “Le conocí personalmente cuando vine a trabajar en el Vaticano como director de programación de Radio Vaticana, al inicio de 1991. Desde entonces, comencé a seguir regularmente la actividad de la Oficina de Prensa como fuente imprescindible de información y a participar en diversos viajes de Juan Pablo II, integrándome en aquella original comunidad que es el “séquito papal”, del cual obviamente Navarro era un componente estable e importante, pero también agradable, amigable y cordial. Naturalmente ya lo conocía por fama como brillante y competente ‘portavoz’ del Papa. Aunque esta no era la dicción oficial de su trabajo – que sería más bien “Director de la Oficina de Prensa” – es necesario decir que en su caso era una denominación completamente apropiada”, explicaba Lombardi.

Una nueva página en la comunicación de la Iglesia

Durante la misma entrevista, el padre Federico Lombardi recordó que el trabajo de Navarro-Valls marcó una nueva página a la hora de comunicar la información de la Santa Sede. “Navarro, como nos explicó varias veces, desde el comienzo fue muy claro con quien lo había llamado al nuevo servicio en el Vaticano, haciendo entender que retenía absolutamente necesario poder tener –y tener efectivamente– una relación directa con el Papa, para poder conocer con seguridad y claridad su pensamiento y su línea, y poderse presentar al mundo de la prensa y de la opinión pública como intérprete acreditado de tal pensamiento y no sólo por conocimiento indirecto”, por lo que “no cabe duda que en todo el larguísimo servicio que él desarrolló durante el pontificado de Juan Pablo II, desde 1984 hasta la muerte en el 2005, haya estado efectivamente muy cerca del Papa, tanto que fue considerado una de las figuras importantes de aquel pontificado extraordinario, no sólo por su evidente visibilidad pública, sino también por su papel de intervención y de consejo. Ciertamente Juan Pablo II tuvo gran confianza en él y consideró mucho su servicio”.

Federico Lombardi señaló además el papel de Navarro-Valls  como miembro efectivo de varias delegaciones de la Santa Sede en Conferencias mundiales de las Naciones Unidas de particular resonancia: “Gracias a su experiencia y capacidad comunicativa, desarrolló efectivamente un papel de relevancia primaria. Así, también tuvo varias veces un papel ‘diplomático’, por ejemplo, en la preparación o en el desarrollo de viajes de importancia histórica, como aquel del Card. Casaroli en Rusia en el 1988 o el de Juan Pablo II a Cuba”.

“Su inteligencia, elegancia y capacidad de relaciones -subrayaba Lombardi- eran eminentes. A ello se agregaban un óptimo conocimiento de las lenguas y una verdadera genialidad en el presentar noticias y contenidos informativos de manera brillante, atractiva y concisa”.


Por Rodrigo Ayude

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