“Madre Teresa hacía las cosas pequeñas con un amor grande”

 

Entrevista al Padre Brian Kolodiejchuk, postulador de la causa de canonización de Madre Teresa, con motivo de la canonización que tendrá lugar el próximo domingo 4 de septiembre en la Plaza de San Pedro.


Filipe Domingues | O São Paulo Compartido con Iglesia en Directo

Es frecuente presentar a Madre Teresa de Calcuta como un modelo de caridad inalcanzable. Sin embargo, el postulador de su causa de canonización, el sacerdote canadiense Brian Kolodiejchuk —misionero de la caridad— defiende todo lo contrario. Ha trabajado durante 17 años en el proceso que relata las virtudes de Madre Teresa y los milagros realizados por su intercesión.  En una entrevista exclusiva con el periódico brasileño O São Paulo, que el autor ha compartido con Iglesia en Directo, asegura que la santa de los más pobres es también la santa de “las cosas más ordinarias”. Para ella, la nobleza de nuestras acciones, aún las más pequeñas, nace del amor con el que las realizamos. “La mayoría del trabajo de Madre Teresa es un conjunto de cosas comunes que todos podemos hacer”, señaló. El sacerdote contesta a las críticas realizadas a Madre Teresa, y asegura que los momentos de duda interior en su vida la hacen todavía más digna de admiración.



– La Iglesia dice que los santos son “amigos y modelos”. ¿Qué modelo de santa es Madre Teresa?

– Es una santa no sólo admirable, sino también imitable. La mayor parte de las acciones cumplidas en su vida son obras de misericordia en la vida ordinaria, cosas comunes que todos podemos hacer. Ella diría “hacer cosas pequeñas con grande amor” o “hacer cosas ordinarias con un amor extraordinario”. Es el amor con el que hacemos las cosas lo que les da un valor espiritual.

– ¿Eso resume sus virtudes?

– Además de eso, Madre Teresa recuerda la presencia de los pobres a la Iglesia y al mundo. Concienció de ello. Cuando iba a recibir un premio decía que lo aceptaba “en nombre de los pobres”. También aprovechaba todas las circunstancias para hablar de Dios.

– Ella se volcó también con personas que no pertenecían a la Iglesia.

– Sí, es algo bastante extraordinario. Es posible que, desde los tiempos de san Francisco de Asís, no se hubiese recuperado esa influencia fuera de la Iglesia.  Tanto así que, hasta en el cine, puedes encontrar escenas donde un personaje se justifica diciendo: “¿Quién te crees que soy? ¿Madre Teresa?”. La propia cultura ha identificado el amor y la bondad con Madre Teresa.



– Los santos viven momentos difíciles. Madre Teresa tuvo que tomar decisiones complicadas, fundar su congregación, vivir entre los más pobres, decidir entre la vida y la muerte. Algunos la critican por haber recibido el apoyo de los dictadores. ¿Cómo describiría sus debilidades?

– Haga atención a una cosa. Usted ha hablado de aceptar dinero de personas de las que no debería haberlo recibido. Si ella hubiera sabido que ese dinero se obtenía de manera ilícita o inadecuada, lo hubiese rechazado. Una vez se negó a recibir una donación de un millón de dólares por este motivo. Además, no aceptó dinero del dictador Fraçois Duvalier de Haití.

– Esa es una crítica que hizo el periodista Christopher Hitchens…

– Algunas críticas son simplemente falsas. El dato no es cierto. Otras nacen de perspectivas incorrectas. Quien critica a Madre Teresa porque está en contra del aborto, por ejemplo, ¿qué es lo que espera de una monja católica? Diré más, algunos le decían: “En Calcuta, usted debería haber construido un hospital para los pobres”, al estilo occidental. Ella respondía: “No, mi intención era crear una casa para los moribundos”. Un lugar donde poder cuidar de las personas que estaban a punto de morir, en su últimos minutos, para que tuviesen el consuelo de ser amados y cuidados. Un hombre que estaba a punto de fallecer en Kalighat, nos dijo: “Yo viví toda mi vida en la calle como un animal y ahora me muero como un ángel”. Madre Teresa no quería una institución grande. Las personas de la casa de moribundos recibían la atención médica que estaba al alcance. Si mejoraban, se enviaban a otra casa de las hermanas.

– ¿Qué nos dice los textos de Madre Teresa que muestran momentos de duda interior?

– En la positio (un documento del proceso de canonización) hicimos un capítulo sobre esa “oscuridad”, porque es un aspecto imponente y diferenciador de su santidad. El propio Jesús, en el Huerto de los Olivos (Getsemani), perdió la sensación de la presencia del Padre. Eso sucedió a Madre Teresa. Paradójicamente, ella vivió esa unión al no experimentarla. Para una mujer enamorada de Jesús, que desea ardientemente amarlo más de lo que jamás fue amado, es muy doloroso no sentirse querida. A pesar de todo, vivió una vida cristiana heroica.  En mi opinión es este el aspecto más heroico de su vida. No fue fácil para Madre Teresa. Tendemos a pensar que, por lo menos, ella experimentaba un gran consuelo en la unión con Jesús. Sin embargo, descubrimos que no es así. Y, en estas circunstancias, siguió siempre adelante con alegría.



– ¿Puede hablarnos de la relación de Madre Teresa con los Papas?

– Los santos son muy diferentes, pero tienen en común al menos tres características: el amor a la Iglesia, a través del amor al Santo Padre, el amor a la Eucaristía y el amor a Nuestra Señora. El amor de Madre Teresa por la Iglesia se expresó en su fidelidad a San Pedro, al Papa, fuese quien fuese. Tuvo contacto con Pablo VI, pues él le otorgó el premio Juan XXIII. Con Juan Pablo II la relación fue muy especial. Él fue elegido en 1978 y ella ganó el Nobel de la Paz en 1979. Los años en que tuvo más visibilidad fueron los años de Juan Pablo II como Papa. Vino a Roma a visitarlo, asistió a su Misa, le pedía consejos. Como dice el escritor George Weigel, en la biografía que escribió de Juan Pablo II, Madre Teresa puso en práctica muchas de las enseñanzas de este Papa: el respeto a la vida, la dignidad humana, los pobres, el amor a María o el amor a la Eucaristía.

– ¿Cómo cree que ve el Papa Francisco a Madre Teresa?

– No creo que tengan esa conexión personal. Francisco dijo que una vez la saludó, con motivo de un sínodo de obispos. Pero la cita muchas veces. Ahora quiso esta canonización en el Jubileo de la Misericordia, porque la misericordia está en su predicación y en su ejemplo como Papa. Acabo de publicar un libro sobre la Madre Teresa y las 14 obras de misericordia, corporales y espirituales. Hay historias maravillosas de cómo la santa las ha vivido.

– ¿Nos adelanta alguna de esas historias?

– Sí, una de la que fui testigo. Estaba Madre Teresa en un aeropuerto y en cualquier lugar donde ella se paraba se congregaba la gente. Siempre con un montón de personas al su alrededor. En esto, una mujer entra, ajena a la situación, con rostro muy triste. Es la hora de embarcar. Madre Teresa va hacia esa mujer y le dice: “Hola. Soy Madre Teresa. Esta es mi tarjeta”. La tarjeta no era la típica. Decía: “El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz”. Una de las hermanas que estaban con Madre Teresa vio que la mujer que leía la tarjeta empezaba a sonreír. Una cosa muy pequeña. En una multitud, Madre Teresa percibió la tristeza de esa mujer. Cualquiera de nosotros puede prestar atención a una persona, hacer un gesto, dedicar una sonrisa, una palabra de aliento. Ella solía decir: “No tienes que ir a Calcuta para encontrarte a los pobres. Mira a tu alrededor”.



– El segundo milagro de Madre Teresa sucedió en Brasil. ¿Cómo fue?

– Tuvo lugar en 2008. Un amigo de Fernanda le entregó un novenario a la Madre Teresa. Empezarona rezar la novena, porque su marido, Marcílio, tenía una infección en el cerebro, que se complicó con abscesos e hidrocefalia. Rezaban a Madre Teresa y, el 9 de diciembre de 2008, a esos de las dos, Marcílio sintió mucho dolor en su cerebro, una gran presión. Entró en coma, estaba entre la vida y la muerte. Por la noche, los médicos querían drenar el líquido, pero no podían. Hubo alguna dificultad técnica. Entonces, a las seis y diez, el médico fue al quirófano para encontrase con otro doctor, pero no había nadie. Regresó a la seis cuarenta. A esa hora Marcilio estaba despierto. No sentía dolor. Entonces dijo: “¿Qué hago aquí?” Fernanda estaba en casa de su madre, rezando. Sabía que su marido se estaba muriendo. Hubo también un “submilagro”, como dicen algunos. El matrimonio había sido informado de que no podrían tener hijos. Ahora tienen dos. Es una preciosa historia.

– ¿Cuál es el legado de Madre Teresa? ¿Qué deberíamos celebrar especialmente de su figura?

– Cada santo tiene la virtud de la caridad. Su trabajo con los pobres es una parte de su legado. Pero también la fidelidad a su vocación. Amar a Dios, incluso sin sentir su presencia. Una experiencia muy dolorosa de quien, aparentemente, no tiene a Dios. En una de sus cartas escribió: “El Cielo significa, para mi, oscuridad”. Si embargo ella se levantaba a las cuatro de la madrugada, era la primera que llegaba a la capilla. Es una fe heroica, irradiada de alegría. Nos diría: “Dar todo lo que Él nos pida, recibir todo lo que Él nos da, siempre con una sonrisa”.

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