¿Qué pretende el papa con el viaje a México?

 

“Es posible que ustedes se pregunten: ¿Y qué pretende el papa con este viaje?” decía Francisco en el videomensaje que el pasado 7 de febrero dirigió al pueblo mexicano con motivo de su inminente visita. “La respuesta es inmediata y sencilla —respondía el pontífice— Deseo ir como misionero de la misericordia y de la paz”.

¿Qué voy a buscar a  México? –se interrogaba en otra reciente entrevista (con la agencia Notimex). “Voy a México no como un sabio cargado de mensajes, soluciones, sino como un peregrino a buscar la riqueza de la fe del pueblo mexicano […] voy con el corazón abierto para que se llene de todo aquello que ustedes me pueden dar”, explicaba el papa.



Retos

Francisco conoce las dificultades que afronta el país. Le preocupa especialmente el clima de violencia, que desde 2006 ha dejado 27.000 desaparecidos: “México está viviendo su pedacito de “guerra”, su pedacito de sufrimiento, de violencia, de tráfico organizado. Si yo voy ahí, es para recibir lo mejor de ustedes y para rezar con ustedes, para que los problemas de violencia, de corrupción y todo lo que ustedes saben que está sucediendo, se solucione, porque el México de la violencia, el México de la corrupción, el México del tráfico de drogas, el México de los carteles, no es el México que quiere nuestra Madre”.

Otra violencia que denuncia el pontífice es la provocada por la cultura del descarte, que causa de la emigración de las familias hacia los Estados Unidos: “Gente no sólo de México sino de Centroamérica, de Guatemala, cruza todo México, para buscar un futuro mejor”, asegura, porque “la migración, hoy día, está muy relacionada al hambre, a la falta de trabajo. A esta tiranía de un sistema económico que tiene al dios dinero en el centro y no a la persona”. Para dar visibilidad a este problema, Francisco ya se había planteado “entrar en los Estados Unidos por la frontera mexicana” durante su último viaje a América. “Pero, si yo iba a Ciudad Juárez, por ejemplo, y entraba desde ahí, o a Morelia, y entraba desde ahí, se iba a armar un poco de barullo”, explicaba en una entrevista.



Fronteras

Morelia es un lugar que conoce bien, aún sin haberlo visitado: “Es una zona de mucho sufrimiento donde también las organizaciones de traficantes de droga no se van con chiquitas, es decir, saben hacer sus trabajos de muerte, son mensajeros de muerte, sea por la droga, o sea por limpiar, entre comillas, a aquellos que se oponen a la droga”. Una información que recibe de Mons. Alberto Suárez Inda, a quien creó cardenal el pasado 14 de febrero de 2015, elegido de entre la Iglesia que vive en las “periferias existenciales”. Con él pudo compartir ratos de conversación el sínodo de la familia del pasado mes de octubre. Ciudad Juárez y Morelia serán las dos últimas etapas del viaje (días 16 y 17). Además de ciudades fronterizas, sufren el drama de una economía de exclusión que obliga a volver a reemprender una nueva vida.

Otra frontera que visitará el papa, y no es esta geográfica, se encuentra al sur del país. Se trata de las comunidades indígenas que, desde hace años, reclaman una ciudadanía “completa”. El 60% de estos pueblos son católicos. Francisco los encontrará en San Cristóbal de las Casas. Está prevista la asistencia de unos 100.000 al encuentro con los pueblos indígenas de México y de toda América Latina, una gran parte llegados de Guatemala. Previsiblemente, el pontífice les entregará un decreto para el uso de las lenguas indígenas en la liturgia católica. De hecho, en la misa que celebrará ahí, usará lenguas precolombinas como el tzeltal o el tzolzil.

Francisco compartirá almuerzo –arroz, pollo y setas— con 8 indios (un sacerdote, una religiosa, un seminarista, dos catequistas, un joven, un diácono permanente y su mujer). Además rezará ante la tumba de Samuel Ruiz García, obispo entre 1959 y 2000, defensor de los indígenas y de sus derechos. Según el censo oficial, casi 16 millones de mexicanos se consideraban indígenas en 2010, de los que 6,6 millones hablaban además una lengua propia.



Una fe guadalupana

México es el segundo país del mundo en número de católicos (el primero es Brasil),  un 84% de los 112 millones de habitantes. Un sociedad donde la religiosidad, la piedad popular y el sentido de pueblo de Dios son aspectos dominantes. Pero Francisco reclama “una fe pública”, “que salga a la calle” y que cree cultura. “Que la fe salga a la calle —explica el papa— significa que yo en mi lugar de trabajo, en mi familia, en las cosas que hago en la universidad, en el colegio, me muestro como cristiano. La fe tiene que ser callejera, como Jesús”. En México es posible porque si bien hay “mexicanos católicos, no católicos o ateos, todos son guadalupanos”, confesaba el papa en una entrevista con la periodista Valentina Alezraki.

Entre los deseos más grandes de Francisco se encuentra el de rezar ante la Virgen de Guadalupe, emperatriz de las Américas. En una entrevista coral organizada por Notimex, varios mexicanos se dirigían al pontífice, y éste les confesaba: “Lo que pediría es – pero como un favor, a ustedes- que esta vez, que va a ser la tercera que piso suelo mexicano, me dejen un ratito sólo delante de la imagen. Es el favor les pido. ¿Me lo van a hacer?”. Además, el pasado 12 de diciembre, fiesta de esta advocación, Francisco aprovechó para anunciar este viaje pastoral y desveló cuál será su oración en ese santuario:  “Que nos convirtamos en misericordiosos, y que las comunidades cristianas sepan ser oasis y fuentes de misericordia, testigos de una caridad que no admite exclusiones. Para pedirle esto, de una manera fuerte, viajaré a venerarla en su Santuario el próximo 13 de febrero. Allí pediré todo esto para toda América, de la cual es especialmente Madre”.

Por Rodrigo Ayude, Roma


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