Cardenal Baldisseri: la reforma de la Curia incluye al sínodo de obispos

 


La reflexión sobre un nuevo camino sinodal se consolida en febrero, con un seminario para especialistas en eclesiología y derecho canónico

„„La reforma de la Curia afectará al sínodo de obispos. En el horizonte una renovación del Ordo Synodi, el documento que regula la asamblea

Francisco publicará una exhortación apostólica sobre la familia, teniendo en cuenta los contenidos de las dos fases del sínodo: asamblea extraodinaria (2014) y ordinaria (2015)

La carta de los 13 cardenales pretendía que se aclarasen algunas dudas sobre el método. Quedaron satisfechos con las respuestas que se les dio al día siguiente


Fuente: L’Osservatore Romano, autor: Nicola Gori


El balance de dos años de reflexión sobre la familia con la mirada puesta en el futuro, en vista de una reforma del ordo synodi que pueda dar un impulso mayor a la sinodalidad eclesial según las indicaciones del papa Francisco. Sobre esto habla en esta entrevista al Osservatore Romano el cardenal Lorenzo Baldisseri, secretario general del sínodo de los obispos.

 

– En el 2015, con la segunda etapa del camino sinodal sobre la familia se ha cerrado un ciclo. ¿Qué balance hace de este periodo?

– Para el sínodo de obispos fue un momento muy especial, porque hemos empezado un camino en parte diferente si se compara con el pasado. Desde el inicio de su pontificado, el papa Francisco ha dado particular atención al organismo sinodal y ha pedido una renovación. Se puede decir que eso entra dentro del grande proyecto de reforma de la Curia romana y de las otras instituciones eclesiales que el Santo Padre está dirigiendo y, aunque hablando con propiedad el sínodo de obispos no es parte de la Curia, se considera como un organismo. Nació como fruto del Concilio Vaticano II y, desde entonces hasta hoy ha tenido una presencia activa y eficaz de consejo de los obispos para ayudar al papa en el gobierno de la Iglesia universal. Durante la última asamblea sinodal hemos conmemorado el 50º aniversario de la institución del sínodo, creado el 15 de septiembre de 1965 por voluntad de Pablo VI.

La conmemoración fue un encuentro entrañable, que nos permitió mirar hacia atrás, hacia el largo camino recorrido, que comenzó con gran entusiasmo y se consolidó sin muchas variaciones. Hoy nos encontramos un organismo de gran relieve para la vida de la Iglesia, pero al mismo tiempo necesita una revisión. El papa, en una entrevista al inicio de su pontificado, hablaba del sínodo como un organismo un poco estático, al que falta dinamismo. Creo que en la misma conmemoración se puso de manifiesto todo esto, con las intervenciones de los relatores y, sobre todo, con el gran discurso del Santo Padre, que se puede considerar uno de los más incisivos de su pontificado.

«Francisco ha pedido una renovación para el sínodo. Se puede decir que eso entra dentro del grande proyecto de reforma de la Curia romana y de las otras instituciones eclesiales que el Santo Padre está dirigiendo»

– ¿Cómo hay que interpretar las indicaciones que hizo en ese discurso?

– Se están multiplicando las reflexiones sobre ese tema y el papa quiere, concretamente, que se profundice en la sinodalidad. Una sinodalidad que se desarrolla según una senda circular: de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo. Es una forma de pensar en la Iglesia como un organismo vivo que se mueve en distintos niveles, sin compartimentos estanco. Una Iglesia que vive una comunión efectiva, que no se identifica sólo con el vértice o con la base, una Iglesia en la que todos los miembros del pueblo de Dios están llamados a “caminar juntos”, cada uno desde los dones y de los encargos recibidos. Sinodalidad es también el horizonte dentro del que se dan las funciones e instituciones que guían el cuerpo eclesial. El discurso sobre la colegialidad episcopal se sitúa en este plano, está unido a la sinodalidad, aunque es una cosa distinta.

La colegialidad hace referencia a la autoridad que todos los obispos, reunidos en colegio, tienen en la Iglesia cum et sub Petro. Sinodalidad, sin embargo, implica a todo el Pueblo de Dios, no como un sujeto pasivo, sino de forma activa según sus funciones, carismas y ministerios. Se habla también de la expresión sensus fidelium con el que desea poner de relieve la participación de todos los componentes del pueblo de Dios, en cuanto que bautizados, en el discernimiento eclesial y en la obra de evangelización.



– El papa habló de la posibilidad de celebrar sínodos regionales…

– En su discurso, el Santo Padre habló de una sinodalidad articulada en distintos niveles, remarcando el papel de las conferencias episcopales. Las primeras referencias de esta idea se encuentran en la exhortación apostólica Evangelii gaudium, donde el papa habla de la reforma de la Curia y también de la relación entre en el primado de Pedro y el cuerpo colegial de los obispos. Las conferencias episcopales adquieren, según esta perspectiva, un papel importante. Precisamente, para contribuir a una mejor comprensión de la sinodalidad, la secretaría del sínodo de obispos está organizando –para febrero– un seminario dirigido a especialistas en eclesiología y derecho canónico. La iniciativa pretende conseguir que se profundice, o al menos que se planteen estudios posteriores, a partir de la doctrina y de la investigación que ya existe. Desde luego es necesario que los expertos del saber teológico y jurídico den un gran impulso al estudio de la sinodalidad eclesial.

«Para contribuir a una mejor comprensión de la sinodalidad, la secretaría del sínodo de obispos está organizando –para febrero– un seminario dirigido a especialistas en eclesiología y derecho canónico»

– En estas dos últimas asambleas, la metodología sinodal cambió sustancialmente. ¿Cuáles han sido los resultados?

– El cambio ha sido bien valorado, si bien al inicio ha supuesto un cierto trabajo, porque un nuevo método parece fácil en la teoría pero, en la práctica, presenta inevitablemente cuestiones que necesitan verse experimentadas. En su conjunto hemos alcanzado bastante éxito. La renovación metodológica se debió, sobre todo, a la inédita decisión de celebrar dos asambleas sobre un mismo tema, transformándolas en dos etapas de un único camino sinodal, y esto debido a que el tema elegido necesitaba de una larga reflexión.

En la primera fase, es decir en la asamblea general extraordinaria, examinamos los desafíos pastorales de la familia en el contexto actual de la nueva evangelización. Partiendo de la experiencia, de la vida misma de nuestras iglesias, y usando un cuestionario que se envió a todos los lugares, la secretaría general del sínodo reunió las respuestas que se usaron para los Lineamenta. Este documento se envió a los obipos y generó un gran interés, pues la familia es un tema que interesa a todos. Durante la primera etapa, el método existente se mantuvo tal cual, salvo la ampliación de la comisión para la redacción del documento: de tres miembros –relator general, secretario especial y secretario general del sínodo– a siete miembros. Eso fue para conseguir que estuviesen representados varios continentes.

Una segunda novedad fue que en lugar de las propositiones se preparó un documento final tipo una relatio synodi, que el papa recibió y decidió transformar en los Lineamenta de la segunda fase. Al mismo tiempo, el Santo Padre pidió que se profundizara ese documento, con algunas preguntas que el consejo ordinario de la secretaría del sínodo añadió en los márgenes. Las respuestas a esas cuestiones nos llegaron de todas las conferencias episcopales y confluyeron en el Instrumentum Laboris de la nueva asamblea. Al inicio de la segunda fase del camino sinodal, es decir la de octubre pasado, el papa en persona declaró que el Instrumentum Laboris era el texto base para el trabajo, a partir del que se debía elaborar la relatio finalis.



– ¿Hubo otras novedades en esa segunda fase del sínodo sobre la familia?

– Otra novedad fue dividir el trabajo según las tres partes que componen el Instrumentum Laboris, para llegar a un proyecto de texto único y no simplemente a propositiones. Esta partición permitió reflexionar los temas sin confusión o repeticiones, tanto durante las congregaciones generales como durante las sesiones de los círculos menores. Otra consistió en dar más espacio a los círculos, en los que los padres, reunidos según criterios lingüísticos, tenían tiempo para intervenir con libertad y elaborar textos para cambiar el documento base pensando en el documento final.

En su conjunto, esta nueva metodología dio más espacio a la intervención de los padres: si bien en el aula los obispos tuvieron tres minutos y no cuatro, como antes, para sus intervenciones programadas, en los círculos menores y a la hora de intervenciones libres de cada día, pudieron tomar la palabra con amplitud. Además, la comisión para la elaboración del documento final fue ampliada, pasando de siete a diez miembros. Esa comisión ha aprobado un proyecto de relatio finalis, al que los padres pudieron hacer enmiendas. Así hemos podido dar forma al texto final y entregarlo al papa.

«Los padres intercambiaron pareceres, trabajaron con sinceridad, seriedad y honestidad, sin fraudes, aunque los medios de comunicación han especulado sobre estas cosas»

– El debate ha sido especialmente vivo en la última asamblea, con posiciones distintas entre los obispos, pero al final la votación consiguió un consenso muy amplio. ¿Cómo valora este hecho?

– Ha sido un buen trabajo en el que debemos reconocer la seriedad y el espíritu de comunión que, más allá de las diferencias de opiniones, permitió a todos llegar a un consenso en las distintas cuestiones. El papa fue de gran ayuda para esto, recordando a los padres sinodales que la asamblea no es un parlamento, sino un espacio donde se debe dejar actuar al Espíritu Santo. El diálogo sinodal enriqueció verdaderamente el texto base.

Los padres intercambiaron pareceres, trabajaron con sinceridad, seriedad y honestidad, sin fraudes, aunque los medios de comunicación han especulado sobre estas cosas. La carta que algunos cardenales enviaron al papa se entiende y se lee en este marco: algunos padres sinodales decidieron manifestar su dificultad para aceptar el nuevo método e han querido explicarse, para recibir una respuesta oportuna. Sus dudas quedaron aclaradas al día siguiente. Yo mismo intervine para aclarar y el papa en persona tomó la palabra ofreciendo detalles importantes. Todos quedaron satisfechos.

 

– En la última sesión, los padres sinodales propusieron algunos temas para el próximo sínodo. ¿Cómo se concretará durante estos meses el trabajo para preparar la próxima asamblea?

– De momento esperamos la exhortación apostólica del papa sobre el camino sinodal que acabamos de terminar. En cuanto al trabajo futuro, en abril habrá una reunión del nuevo consejo ordinario de la secretaría del sínodo. Entonces, la secretaría general presentará una síntesis de las propuestas temáticas para la próxima asamblea, pedidas a los padres sinodales y a las conferencias episcopales. De momento tenemos sólo las propuestas de los padres. Se estudiarán también los tiempos, puesto que mientras tanto estamos trabajando la reforma del ordo synodi. De hecho, a la luz del seminario de febrero y de la experiencia recogida en los dos últimos sínodos, queremos seguir estudiando esa revisión.

«El papa fue de gran ayuda recordando a los padres sinodales que la asamblea no es un parlamento, sino un espacio donde se debe dejar actuar al Espíritu Santo»

– ¿Existe una conexión entre el camino sinodal sobre la familia, que acaba de concluir, con el jubileo extraordinario de la misericordia, que está empezando?

– En el discurso de clausura de la última asamblea sinodal, el papa Francisco afirmó que “sin caer nunca en el peligro del relativismo ni en la demonización de los demás, hemos tratado de abrazar completamente y con valentía la bondad y la misericordia de Dios” para “insertar y vivir este sínodo en el contexto del año extraordinario de la misericordia que la Iglesia está llamada a vivir”. Podemos decir que el camino sinodal fue un preludio del jubileo, indicando la misericordia como un pilar esencial sobre el que se construye la vida concreta de las familias y la pastoral familiar. La familia es un lugar privilegiado para el ejercicio de la misericordia: sus miembros están llamados al ejercicio constante del arte del perdón recíproco, sobrepasando desencuentros y faltas. Una reflexión para las familias que puede aplicarse también a la familia cristiana y a la entera familia humana, siendo conscientes —como dice tantas veces el papa— de que nuestro tiempo tiene una especial necesidad de la misericordia.