El coste social de las rupturas familiares en Europa: datos y posibles soluciones

 

Por Marco Ventura, Roma


Con motivo del Sínodo sobre la familia, se han presentado hoy en Roma algunos datos del proyecto europeo FamiliesAndSocieties, cuyos resultados finales estarán disponibles en 2017. Se trata del proyecto de investigación más importante sobre la situación de la familia en Europa y las políticas familiares adecuadas a sus necesidades. Se desarrolla en el marco de la Unión Europea y está financiado principalmente por Bruselas. Este proyecto cuenta con el apoyo de 25 entidades universitarias de 15 países y está coordinado por la profesora Livia Sz. Oláh, de la Universidad de Estocolmo.
La presentación corrió a cargo del sociólogo español Pablo García Ruiz, profesor de Sociología de la Universidad de Zaragoza (España) y miembro del equipo de FamiliesAndSocieties. El profesor García Ruiz puso de relieve que “en el Instrumentum laboris del Sínodo sobre la Familia se encuentran los mismos retos que hemos detectado empíricamente sobre la familia en Europa”.

El profesor García Ruiz presenta los datos en Roma

 

La familia, el “sujeto” más valorado por los europeos

En su presentación, el sociólogo destacó que la familia sigue siendo la institución social más valorada en Europa (para casi el 90% de la población), por encima de los amigos, la religión o la política. La familia es la primera puerta a la que se llama para solicitar el parecer sobre asuntos importantes de carácter personal (76%), en caso de enfermedad (89%) o de necesidad económica urgente (77%). Sus vínculos fuertes y gratuitos –dijo– “constituyen un recurso insustituible para superar el aislamiento y la soledad, y para el bienestar de las personas”. Y, de hecho, “la solidaridad familiar ha sido un factor clave para superar las consecuencias de la grave crisis económica en el continente”.

La valoración positiva, sin embargo, contrasta con la caída de la nupcialidad. El número de bodas en Europa ha descendido del 50% en los últimos 25 años: hoy solo se casan 4 de cada 1000 habitantes por año. Entre las causas, este estudio destaca tres: el desempleo entre los jóvenes europeos, la precariedad laboral (bajos salarios) y la dificultad de acceso a una vivienda digna.
Según los datos de FamiliesAndSocieties, en todos los países europeos el número de hijos deseado es superior al número real de hijos por familia. La media de hijos deseados por un irlandés, por ejemplo, es del 2.8, mientras que la media real es 1.7 hijos por hogar. Entre las principales dificultades declaradas de la baja natalidad se encuentran el alto coste de la vivienda (39%), la dificultad de conciliar trabajo y familia (25%) o la necesidad de atender a personas ancianas o enfermas (23%). Otra causa que no siempre se menciona –según García Ruiz- es la fragilidad de la relación de la pareja, que conduce a no tener otros hijos.

En algunos casos, el descenso de la natalidad se convierte en crisis demográfica: en un país como España, por ejemplo, el número de nacimientos se ha reducido en un 50% en los últimos 40 años. Esta crisis plantea retos que afectarán a las familias del futuro: dificultades educativas, fatiga a la hora de acoger la vida naciente, percepción de los ancianos como peso, dificultades para sostener el estado del bienestar, etc.

 

El coste social de las rupturas familiares

Paralelamente, los divorcios han aumentado un 25% en los últimos 20 años. En algunos países del sur, los datos son aún más pronunciados: los divorcios en Italia se han multiplicado por dos y en España por tres en ese mismo período.

El estudio de FamiliesAndSocieties ofrece datos relevantes sobre el impacto del divorcio y de la desintegración familiar en adultos y menores. Las rupturas aumentan el riesgo de movilidad social descendente y la pérdida de capital social: reducción en recursos económicos disponibles de ambos cónyuges y reducción en tiempo de ayuda y de control por parte de los padres (que tienen que aumentar el tiempo de dedicación laboral para sacar adelante la familia, sin el apoyo del otro cónyuge).

Los efectos de la ruptura afectan de modo especial al bienestar y la igualdad de oportunidades de los hijos, en los que se verifica un mayor riesgo de ansiedad y de depresión, así como una mayor inclinación al consumo de droga y a los comportamientos delictivos. En el ámbito educativo, los hijos de familias desintegradas –naturalmente, sin que esto sea regla general- son más proclives al fracaso escolar (80% mayor probabilidad que en hijos de familias estables). Según este estudio, para el cuidado de los niños pequeños es crucial el tiempo de las madres, pero también el tiempo de los padres y de los abuelos.

Para García Ruiz, “tasas tan altas de rupturas familiares no son solo un problema para quien las sufre en carne propia, sino para el conjunto de la sociedad. Investigaciones como FamiliesAndSocieties deben ayudar a buscar caminos para paliar el sufrimiento de las familias rotas, ponerse al lado de las familias más vulnerables y, al mismo tiempo, difundir una cultura de la prevención que evite las rupturas innecesarias”.

 

Políticas familiares y acompañamiento eclesial: promover una cultura de la prevención

García Ruiz celebró la iniciativa del Papa Francisco de dedicar los sínodos de 2014 y 2015 a la familia: “como demuestran nuestros datos, la familia es un gran recurso para el conjunto de la sociedad y para cada uno de nosotros: ayudarla es clave para el desarrollo de un pueblo, y el acompañamiento de la Iglesia puede resultar de gran ayuda”.

Al mismo tiempo –dijo- “los datos de este estudio deberían desencadenar políticas familiares más activas por parte de los gobiernos europeos, pues ayudar a la familia es ayudar al conjunto de la sociedad”. Para García Ruiz, las líneas de trabajo deberían ir en dos direcciones fundamentales.
Por un lado, “favorecer por todos los medios posibles la conciliación entre trabajo y familia”, impulsando –entre otras cosas- “políticas de corresponsabilidad en las tareas del cuidado y del hogar”.
En segundo lugar, dedicar más apoyo social (y, por lo que se refiere a la Iglesia, más atención pastoral) a familias que el estudio FamiliesAndSocieties describe como vulnerables: las familias monoparentales, las familias numerosas y las familias con personas dependientes.

Entre las familias dependientes, el estudio incluye a numerosas familias de inmigrantes, que tienen problemas y necesidades específicas relativas al idioma, la carencia de una red familiar cercana, la infravivienda, y los problemas referidos a la separación y la reagrupación: “requieren ayudas específicas”.

García Ruiz explicó que “la estabilidad y estilo parental adecuado son los principales predictores de mayor bienestar y mejores oportunidades en la vida de los hijos”. Y en este sentido, “las autoridades civiles deberían realizar un trabajo sinfónico –asistencia social, educación, cultura– de prevención de las rupturas, siempre que sea posible”.

La presentación tuvo lugar en el marco de los coloquios organizados por el curso de especialización en información religiosa de la asociación ISCOM y de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz.