Reflexiones sobre la reforma de los procesos de nulidad matrimonial

 

Por Rodrigo Ayude, Roma ||


El motu proprio Mitis Iudex Dominus Iesus,  presentado el pasado 8 de septiembre, tiene como finalidad agilizar los procesos para la declaración de nulidad del matrimonio en la Iglesia latina. Con el mismo fin, pero para los cristianos de rito oriental, se publicó a la vez el motu proprio Mitis et Misericors Iesus

Por nulidad matrimonial se entiende la sentencia que declara que nunca ha existido un matrimonio, a causa de algún elemento que lo habría hecho inválido desde el momento de esa unión. No se trata, por tanto, de la anulación de un matrimonio, sino de la confirmación positiva de que nunca ha existido un vínculo matrimonial entre esas dos personas. Podría parecer baladí explicar el concepto, pero se hace necesario a la luz de muchos titulares publicados estos días, como este, en los que parece que el divorcio haya entrado en la Iglesia:  El papa facilita las reglas para anular matrimonios (International New York Times).

Presentación de los dos documentos, el 8 de septiembre
  • Misericordia y respuestas pastorales al dolor de los fieles

Hablar de modificaciones en los procesos de nulidad debería poner en primer plano, antes que las especificaciones del derecho, la voluntad de la Iglesia por apaciguar el dolor que provocan estas situaciones en las personas involucradas, dolor que aumenta por su extensión en el tiempo de los procesos. El papa Francisco lo destaca con claridad: se pretenden mejorar los tiempos para que “el corazón de los fieles que esperan el esclarecimiento de su propio estado no esté oprimido por las tinieblas de la duda durante mucho tiempo”. Y es que la regla de oro del derecho eclesial es “la salvación de las almas”, como destaca Francisco, que apela a la misericordia sin perder de vista tanto la verdad sobre la “indisolubilidad del matrimonio” como la necesidad de respuestas pastorales a los fieles católicos en estas situaciones difíciles.

  • Principales Novedades

Mitis Iudex Dominus Iesus ofrece dos medidas estrella: la modificación del proceso actual, eliminando la exigencia de una doble sentencia conforme en las causas de nulidad, y la creación de una nueva vía para procesos más rápidos. Para entender el calado de estas decisiones, se hace necesario entender cómo se hacían estas causas hasta el momento.

De manera  simplificada, podría decirse que una causa ordinaria para una posible nulidad matrimonial se iniciaba cuando una de las personas del matrimonio lo solicitaba al juez eclesiástico, presentando los presuntos motivos que harían nula la unión en el mismo momento de contraerla.  Se ponía entonces en marcha un proceso de conocimiento de la verdad sobre el matrimonio, para determinar si efectivamente faltaba desde el inicio un elemento esencial o existía algún impedimento (especificados en el Código de Derecho Canónico). En ese proceso intervenía, además de los cónyuges, el defensor del vínculo -eclesiástico nombrado por el obispo- que manifestaba todo lo que razonablemente pueda argumentarse contra la nulidad. El tribunal dictaba sentencia, pero para los procesos declarativos de nulidad se exigía una doble sentencia de conformidad, es decir,  que dos tribunales de distinto grado declarasen la nulidad de un matrimonio. Para ello, de modo automático, el tribunal de primera instancia enviaba la causa y la sentencia a una instancia superior.  Sólo a partir de ese momento, y si la decisión así lo determinaba, la persona se encontraría con la certeza de no tener ningún vínculo, pues, strictu senso, su matrimonio no se habría celebrado nunca, y podría casarse de nuevo. En caso de falta de unidad entre los dos tribunales, el asunto se enviaba a Roma.

  • Eliminación de la necesidad de una doble sentencia

Es precisamente este el punto que ha modificado el motu proprio. La decisión responde, por una parte a la petición de los obispos en el sínodo extraordinario de la familia, expresado en el número 48 de la Relatio Synodi y, al mismo tiempo, a los datos con los que cuenta la Iglesia sobre sus propios tribunales, en los que queda patente la decisión del segundo tribunal con respecto del signo de la sentencia emitido por el primero. Los datos indican que la modificación en segunda instancia de las sentencias de primer grado a favor de la nulidad matrimonial han sido del 1% en los Estados Unidos y Canadá, del 7,4% en Europa y del 3,3% en la Iglesia universal. Cifras derivadas de una parte, del apelo del defensor del vínculo y, sobre todo, de la no conformidad de una de las partes del matrimonio.

 

1ª instancia a favor de la nulidad 1ª instancia a favor de la validez 2ª instancia a favor de la nulidad 2ª instancia a favor de la validez
África 537 69 281 // 98,3% 5 // 1,7%
Canadá y EEUU 16.929 827 15.836 // 99,0% 174 // 1,0%
Resto América 4.909 444 3.100 // 95,4% 149 // 4,6%
Asia 2.604 112 1.828 // 97,8% 42 // 2,2%
Europa 8.858 1.965 8.100 // 92,6% 644 // 7,4%
Oceanía 429 25 300 // 98,00 % 6 // 2,0%
Total 34.266 3.442 29.445 // 96,7% 1.020 // 3,3 %
% total 90,9 9,1 96,7 3,3
  • Sobre el proceso “brevior”

La segunda medida aprobada por Francisco es la creación de un proceso breve, que debería resolverse en el plazo de un mes, para casos en los que existan pruebas evidentes de la nulidad del matrimonio. Sin afán de analizarlo desde la perspectiva del derecho canónico, cuyo código indicaba ya algunos aspectos que harían inválido el matrimonio, es preciso señalar la centralidad y la responsabilidad del obispo diocesano en esta causa, en la que queda constituido como juez ordinario, y para la que se requiere una formación muy específica.  El obispo se servirá de dos consultores para el conocimiento de los hechos. Con ellos discutirá previamente de la certeza moral de los hechos aducidos para la nulidad del matrimonio. Si llegase a a la certeza moral, pronunciaría su decisión; de lo contrario, enviaría el caso al proceso ordinario.

La medida es un importante signo de colegialidad en la línea de descentralización que persigue el papa, no una marcha atrás. Al mismo tiempo es una llamada a la responsabilidad del pastor por su rebaño, que debe salir en búsqueda de sus fieles, hacia las periferias existenciales.

  • Las respuestas de Francisco al número 48 de la Relatio Synodi

Por último, destacar que el motu proprio es la respuesta del papa a la petición que los padres sinodales proponían en el número 48 de la Relatio Synodi:

“Un gran número de Padres ha subrayado la necesidad de (1) hacer más accesibles y ágiles -y, a ser posible, totalmente gratuitos- los procedimientos para el reconocimiento de los casos de nulidad. Entre las diferentes propuestas se han indicado: (2) la superación de la necesidad de la doble sentencia conforme; (3) la posibilidad de determinar una vía administrativa bajo la responsabilidad del obispo diocesano; (4) un procedimiento sumario en los casos de nulidad notoria. (5) Algunos Padres, sin embargo, se declaran contrarios a estas propuestas porque no garantizarían un juicio fiable. Hay que reiterar que en todos estos casos se trata de la comprobación de la verdad acerca de la validez del vínculo. Según otras propuestas, habría que considerar también la posibilidad de dar relieve a la función de la fe de los novios con vistas a la validez del sacramento del matrimonio, sin perjuicio de que entre los bautizados todos los matrimonios válidos sean sacramento”.

Sobre la a accesibilidad y gratuidad de las causas (1), el papa pide que “se asegure la gratuidad de los procesos, porque la Iglesia, mostrándose a los fieles como madre generosa, en una materia tan estrechamente ligada a la salvación de las almas, manifieste el amor gratuito de Cristo que nos ha salvado a todos”. En cuanto a eliminación de la doble sentencia conforme (2),  Francisco señala que ” resulta oportuno que no se requiera una decisión doble en materia de nulidad matrimonial para que las partes puedan contraer un nuevo matrimonio canónico, sino que sea suficiente la certeza moral del primer juez según las normas del derecho”.

Mitis Iudex Dominus Iesus  rechaza la vía administrativa (3) que habían propuesto los padres sinodales. “Lo he hecho -puntualiza Francisco- siguiendo las huellas de mis predecesores, que querían que las causas de nulidad matrimonial se tratasen de forma judicial y no administrativa, no porque lo imponga la naturaleza de la materia, sino porque más bien lo exige la necesidad de defender absolutamente la verdad del sacro vínculo: y precisamente esto lo asegura la garantía del orden judicial”.

Con respecto a un nuevo modelo de proceso breve (4), se pone en  marcha una nueva vía “que se aplicará en los casos en que la nulidad esté sostenida por argumentos particularmente evidentes”. “No me ha pasado desapercibido -observa el Santo Padre, respondiendo a las reticencias que algunos padres señalaban en el documento (5)– que un juicio abreviado pueda poner en peligro el principio de indisolubilidad del matrimonio; precisamente por eso he querido que en dicho proceso el juez sea el obispo mismo que, debido a su oficio pastoral es con Pedro el mayor garante de la unidad católica en la fe y en la disciplina”.